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April 28 La primera vez
La primera vez que había sentido la lluvia mojarme el rostro, puedes imaginar que era pequeña. Ese día mi madre, mujer piadosa y de memorias infinitas, decidió olvidarse como más tarde argumentaría ante mi fiebre, que ese día llovería copiosamente. Ese día Íbamos cruzando el puente que separa las dos orillas, la mía y la suya, corriendo. Yo patinaba en mis zapatitos de charol. Ella iba insultando como pocas veces lo hacía. ¡Maldita lluvia que calará tus huesos y hará que suba tu fiebre! Yo no entendía cómo algo que refrescaba podría incrementar el calor de mi cuerpo… Hoy ya sí, El hielo es abrasador… Bien. Ese día nos pasaban muy de cerca los coches al abandonar el puente, y casi dirigiéndose hacia nosotras, nos descargaban un montón de gotas esparcidas por el asfalto, y mi madre, propiciaba tal cantidad de insultos que hasta el día de hoy, no considero aptos para oídos tan pequeños como en ese entonces eran los míos. Me bastaba con ver los gestos de mi madre y su frustración como para sentirme mal junto a ella. Finalmente llegamos con suerte y prisa a nuestra casa. Ambas teníamos la ropa mojadísima y el cabello goteando gruesas gotas. Mi padre, hombre gracioso, soltó una de sus famosas risotadas mientras escuchaba las quejas de mi madre correspondiente a su mala fortuna y lo maleducada que era la gente, aún con una mujer que llevaba una niña pequeña. Yo mientras me regodeaba en el calor de mi casa, mirando mis dedos rojos y mi nariz del mismo color. Así descubrí el frío. La lluvía. Y me sentí dichosa con él/ella.
Recuerdo con claridad la suavidad de las toallas con las que mi madre me envolvía para secarme, al tiempo que seguía diciéndome que la gente estaba loca y que yo no debía ser así bajo ninguna circunstancia. Quizás le sonreí en mi inocencia. O quizás la abracé con fuerza. Puede que las dos cosas.
El asunto fue descubrir la lluvia, esas gotitas que caían de arriba, muy arriba, casi como si alguien rompiera a llorar cada vez que el sol se ocultaba, o cuando se asomaba solo un poquito, esas gotas que eran como las lágrimas de las estrellas en la noche o como el salpicar de una nube juguetona que rompe a llorar de risa... Algún tiempo después mi madre me preguntó que por qué no me encerraba a ver la lluvia desde mi habitación en vez de ir a mojarme en ella, le contesté que, contrariamente a la mayoría de la gente, la lluvia, las gotas de agua, como ya sabéis quien me sigue desde un tiempo, me caen bien. Además de caer. Y quiero sentirlas, no sólo contemplarlas.
April 22 Mariquita
Era tarde aburrida y decidí perderme entre olivos, alrededor de grandes matas de amapolas rojas desperdigadas entre verdes mares de cereal y cruentas plantas llenas de espinas. Barranco abajo, barranco arriba, cruzando el pueblo por caminos nuevos.
Despacio. Arriba y abajo. Sin detenerme, aunque no había tiempo que echara en falta, sólo me quedaban las ganas por encontrar algo. Y todo cambió cuando mi cámara giró hacia un llamativo color rojo y comenzó a escribir en el carrete mil imágenes, a inventar mil disparos sin el apoyo del viento, y con las nubes que cubrían las cumbres más altas y blancas. Y empiezo a imaginar para quién iría la imagen captada, y es que en la almohada de los cien deseos hay también mariquitas. Es como la que he captado. Arropada con una manta amarilla. Igual que si estuviera acostada en su sofá preferido mientras lee una entrada como esta. Traen suerte y nos parecen simplemente simpáticas y por eso no las pisamos, como al resto de los “bichos” que nos encontramos en la vida. A las mariquitas las dejamos corretear entre nuestros dedos y por nuestros pensamientos, libres, con ganas de tenerlas haciéndonos cosquillas, pero sin aprisionarlas, y cuando parten volando sentimos satisfacción a la par que tristeza por verlas marchar, y decimos: “Vuela libre, mariquita” mientras pensamos un deseo y soplamos al aire. Nadie vuela tan orgullosa como la mariquita al abrir su caparazón lleno de lunares negros, me recuerda el vuelo de un vestido de faralaes… La buena de la mariquita no sabe la suerte que tiene de caerme bien. ____________________________________ Liver, esta es la foto que te prometí. Con todo mi cariño. Espero te guste, un día así me lo comentaste. Pero tengo un reto, verla encaramada sobre una amapola o un clavel. Y entonces, de foto pasa a cuadro. Y de mi cámara a tu casa. Jajaja. April 16 Rosa de los vientos![]()
Los castillos pirenaicos moldeados con nieve se hundieron, las banderas blancas se han ajado, allá, a lo lejos, en el límite escarpado.
La rosa de los vientos ha enloquecido, y ya no dirijo mi mirada hacia el norte.
Tal vez mi norte esté justo en la dirección contraria… Pero no, tampoco es eso, el pasado ha pasado. Tal vez mi norte esté dónde la rosa de los vientos quiera llevarme, yo le sugiero, si es que algo puedo hacer, que se dirija a palacios de pensamientos con olor a azafrán y sonidos de agua, allí donde las pequeñas almas recuperan la sonrisa, la esperanza. Allí donde los círculos del tiempo se convierten en uno sólo, sin prisas, ni reloj o segundero, allí donde el tiempo se dispersa con un soplo de viento...
Tal vez mi norte esté justo en cualquier dirección menos en la que está. April 08 Palabras![]()
No sólo en el tacto de los dedos siente el peso de las palabras. También en los oídos retumban como el sonido del teclado de una máquina pretérita. Su cerebro pareciese un aparato de moler el abecedario. Es curioso, no pronuncia ni una sílaba. Sólo las deja correr. Armar su juego. Ellas conducen los pensamientos no su boca. Las fija en el papel de la memoria. Son partículas de palabras volando como gaviotas por la pantalla de la mente semidormida de la noche. Otras veces son hormigas obreras, de las que trabajan, hacendosas o arañas constructoras. Cubos de Kubrick por armar.
Palabras. Que van nombrando cosas, personas, puentes, lugares comunes, marcas, Sentimientos…
Un aparato de moler el abecedario Palabras.
Entro en la oficina, firmo un papel, no leo las palabras. Me sirvo el café. ¡Rayos! Rayo unas hojas mientras espero un boceto de vida...
Palabras. April 01 Arribando en los arribes![]()
Fue un aplauso enorme que duró todos los días, un batir de palmas, no con las manos, fue un aplauso de pestañas, de un abrir y cerrar los ojos de continuo, de los de asombro, de sorpresa ante lo que contemplaba, pues cuando la escena se hace perpetua, vayas dónde vayas, no queda otra que aplaudir, que digo aplauso, fue un delirio lo que vino. Desde un puente de hierro, al norte de la tierra, que en tiempos hiciera de hilo conductor cuando las barcazas eran incomunicadas por los guardias de la aguada frontera, ni que el agua se pudiera dividir, pienso, aprecio el rápido discurrir del agua no se cuantos kilómetros más abajo, la vista no alcanza a contemplarlo. Pero si se observa, en la otra orilla, la de Portugal, un campo abierto que descendía con una tremenda pendiente hasta una empalizada de troncos verticales que colgaban de las rocas, era el nido de la cigüeña negra. Siempre pensé que era blanca… Observo también, desde las alturas, las orillas escarpadas, los cortados fluviales y las moles graníticas de hasta 400 metros de altura, una inmensa majestuosidad de formas que las aguas perfilan en las rocas, miró vagamente, casi de soslayo, por la profunda sensación de vértigo que se experimenta, y me quedo agarrada a un vals imaginario que hace conmoverme con el baile de las ondas que corren por debajo de mis pies formando furiosos torbellinos en algunos tramos. Ante tal imagen no pude más que abrir con fuerza mi boca para que los pulmones aspiraran una tremenda bocanada de oxígeno, y que al instante exhalaran en un grito a la par que levantaba las manos como el vuelo de un águila imperial. O un Ave fénix, vaya a saber… No me dio por tirarme, pero sí para elevar el vuelo por unos días. "Venid acá, peces, vosotros, los de la margen derecha, que estáis en el río Douro, y vosotros, los de la margen izquierda, que estáis en el río Duero, venid acá todos y decidme cuál es la lengua en que habláis cuando ahí abajo cruzáis las acuáticas aduanas, y si también ahí tenéis pasaportes y sellos para entrar y salir. Aquí estoy yo, mirándoos desde lo alto de este embalse, y vosotros a mí, peces que vivís en esas confundidas aguas, que tan pronto estáis en una orilla como en otra, en gran hermandad de peces que unos a otros sólo se comen por ... hambre y no por enfados de patria. Me dais vosotros, peces, una clara lección, ojalá no la olvide yo al segundo paso de este viaje mío a Portugal" Viaje a Portugal, José Saramago Os dejo más fotos en el álbum. Espero os gusten. |
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