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3月30日 Paisaje![]() ...le he puesto la vista encima a un trozo de paraje, quieto, húmedo, silencioso, oculto a la mirada y al ruido, resguardado de la vista de los edificios, de la autopista, de las sirenas, del despertador...un hermoso lugar para comer helados toda la tarde... Me voy para allá pero regresaré en unos días para mostrártelo. Pasadlo bien. Se os lleva. Besos.
Carretera y manta hasta el 9. 3月26日 Rayo de fuego![]() Las dentelladas de la tarde se sitúan en el picaporte de la puerta en una parte de esta inmunda ciudad. Hay un rayo que pide entrar. Llama.
Es un rayo de fuego proyectado por las manos del sol, quiere que salgamos juntos, a ver si nos damos de frente y me pierdo en alguno de sus ardientes besos. ¡Será persuasivo! –sabe que necesito bien poco -me digo- y nos vamos.
Deambulamos atados hacia la penumbra de la noche. La caminata se dirige hacia dónde se funde el peñasco, donde toda estructura parece diluirse en la brillante meseta, allí donde hay pequeños duendes color ánimo y el cansancio queda destruido. Por el camino respiro su aliento y me doy cuenta que cuando está cerca es beso, pero que a medida que me aproximo más a él es deseo, porque lo que está oculto se hace evidente, se expone a su inmensa inquietud, a sus chispas, desde allí, desde el brillo de lo alto, donde llueve color fuego expresando la descomunal tensión que con que se desviste. Y yo, con mis ojos, me encuentro a un paso de un estado desconocido entonces, con desorbitada quietud en la mirada, a un puente de la serenidad que se vive al haber sido transportada la propia vida. Y allí me quedo, en un limbo, a un tris del abrazo que lleva al éxtasis de manual, a un orgasmo en color rojo, ardiente, nacido de raíz, en instantes de cumbres doradas, haciendo de la situación una vivencia radiante.
Regreso a casa quemándome una pregunta en la sien: ¿Cuando el brillo cesa, que queda?
Algunas fotos de mis atardeceres en el álbum. 3月16日 Nieve Rosa-rosae
Ahora, que el ambiente empieza a tomar otro color, ahora, y justo ahora, voy a pintar la nieve de Rosa.
Era el final del invierno, el hombre pasea por una calle estrecha donde aún quedan rastros de nieve. Es en un lugar de las montañas –Colorado- no podría ser en otro sitio con éste nombre. Digo que existe un lugar donde la nieve Sí, existe un lugar, donde ahora, justo ahora, pasea un hombre entre la nieve cremosa, nata tan deliciosa que uno quisiera comérsela a puños y allí hay un hombre, que llora, que pasea por las aceras de la madrugada, del olvido, y hay un hombre que por ello pinta color rosa los sueños. Existe un lugar, al final del invierno, que lleva a colorear con sabor a sandía la vida... y hay un hombre, que saborea, que vuelve colorada la sonrisa. Nata en sus mejillas. Existe un lugar, ahora, justo ahora, donde aún quedan rastros de nieve, cremosa, color rosado, gelatina de lágrimas de colores sobre el rostro. Fresa en los labios. Existe un lugar, junto a las aceras de la madrugada, al final del invierno, donde la nieve no es blanca... Preguntadle a un hombre que pasea- no es esquinal- que te responda, camina con él al final de la madrugada y que te diga de qué color es la nieve, te responderá que su color depende de la nieve en cuestión... Y no es blanca.
El “relato” me lo ha sugerido el siguiente fenómeno natural que te relaciono.
La nieve no es blanca, en ciertos lugares, por ejemplo en la sierra Nevada de California es de color rosado, color sandia, llamada así también porque los lugareños que la han probado comentan que tiene dicho sabor. 'watermelon snow'. La coloración de la nieve se debe a la presencia de un alga llamada “chlamydomonas nivalis”. El fenómeno no es nuevo, ni se debe al calentamiento global, ya fue mencionado por Aristóteles (348-322 a. C.) en sus tratados sobre Naturaleza. En mayo de 1818, cuando el capitán John Ross (1777-1856) intentaba encontrar el paso del Noroeste para salir “al otro lado del globo”, por la costa del Noroeste de Groenlandia, y vio que los blancos acantilados estaban manchados con algo que parecían corrientes de sangre. Envió una patrulla para examinar el terreno y obtener muestras del mismo. A su regreso a Inglaterra envió las muestras a un químico de Londres. El London Times, del 4 de diciembre de 1818 publicó esta nota: “El capitán sir John Ross ha traído de la bahía de Baffin cierta cantidad de nieve roja, o algo de agua-nieve, que se ha sometido al análisis químico en este país, para descubrir la naturaleza de su materia colorante. Nuestra credulidad se pone a prueba extrema en esta ocasión, pero no podemos ver que haya ninguna razón para dudar del hecho según lo indicado. Sir John Ross no vio caer ninguna nieve roja; pero vio grandes zonas cubiertas con ella. El color de los campos de nieve no era uniforme; pero, por el contrario, había parches o rayas más o menos rojas, y de varias intensidades del tinte. El licor, o la nieve disuelta, es de un rojo tan oscuro que asemeja al vino tinto. Se indica, que el licor deposita un sedimento; y que la pregunta no está respondida, si ese sedimento es de naturaleza animal o vegetal. Se sugiere que el color se deriva del suelo en el cual cae la nieve: en este caso, no se pudo haber visto ninguna nieve roja en el hielo”. Tres días más tarde en otro artículo se concluyó que la coloración era causada por depósitos de hierro meteórico: “… se encontró que el hierro es el que da color a toda la materia metálica así como a la materia vegetal”. Solo un año después, el biólogo Ferdinand Bauer (1760-1826) describió las células que vivían en la nieve coloreada. Los habitantes de la nieve resultaron ser miembros unicelulares, auténticos cloroplastos de algas. No fue hasta el final del siglo diecinueve que el fenómeno inusual finalmente fue atribuido a las altas concentraciones o “floraciones” de algas microscópicas. Hoy sabemos que la responsable de esta pigmentación característica es una alga microscópica llamada Chlamydomonas nivalis. Durante la temporada más fría del invierno C. nivalis permanece inactiva, enterrada bajo las capas de nieve. Al comienzo de la primavera y en algunas zonas incluso en verano, cuando la nieve se comienza derretir y los niveles de luz se empiezan a intensificar, C. nivalis lanza todo su poderío por las grandes extensiones. Cada centímetro de nieve contiene millones de algas microscópicas, se ha estimado que una cucharilla de nieve derretida puede contener más de un millón de células de C. nivalis. No conviene probarla, las consecuencias son diarreicas. Quedas advertid@. Si quieres saber más: Aquí y Aquí Sonando: Norah Jones/dont know why 3月12日 Amo...![]() Sentarme en las mañanas, con los pies colgando al día. Levantarme con ánimo, ponerme la música bien alta y arrancarme a bailar mientras incorporo la taza de café en el microondas. Amo, la noche y el misterio de la compañía o la soledad. Caricias en la espalda mientras estoy a punto de quedarme dormida. En el pelo no, me recuerda a mamá haciéndome las coletas de niña. Amo verme divina de la muerte ante el espejo y tus ojos. Aunque sea mentira. Me gusto así. Comer un helado con cierto nerviosismo porque empieza a derretirse, sorber con mi lengua el contraste de sabores. Hacer regalos, aunque sea un gesto, sin fecha ni motivo, sólo por una sonrisa. Escuchar una carcajada, que se me contagie algo, tu risa, su sonrisa, ver la mía en la tuya. Sentir un abrazo cuando no quiero o puedo pedirlo. De otro modo pierde algo de gracia. Una caricia en mi mejilla y una sonrisa acompañada de un suspiro. Que me aprieten fuerte la mano para hacerme sentir segura. Ver a mis niños desnudos por casa, estar tumbados en la cama y hacernos cosquillas con los labios, sólo los labios. Una tontería, pero lo amo... Mi caja de secretos con todos sus recuerdos. Es mi vida. Mi caja de secretos. Como ves, está abierta. Amo a la lluvia y mi cuerpo mojándose mientras disfruto, de la sensación sobre mi rostro, del aroma a húmedo, a frescor, a salitre, a aire. Calarme, de agua, de vida, de ti. Beberme al otro y ser por él/ ella bebida. Empaparme de lo suyo, de lo nuestro. Pisar la nieve y descalzarme. Esto ya lo sabes, Así también sentir el gélido escalofrío de lo inesperado. La tormenta y sus eléctricos zarpazos para decirme que el mundo está despierto. Posarme en el abismo de las rocas, mirando la línea de cielo y mar. Detenerme en el abismo de tus ojos y allí también observar el mar y el blanco manto, escuchar el consejo de las olas, de los vaivenes de la vida y pensar o no pensar, sólo dejándome llevar. Jugar en la nieve y sentir mientras hago círculos sin sentido o castillos en el aire... Amo verla algunos domingos preparar con cariño comida para tantos.
Amo la soledad, también la compañía, tu compañía. La de ayer. Mi día. La de hoy.
Adoro las sorpresas, tus felicitaciones, las preguntas, una inquietud constante.
Una llamada de teléfono inesperada para decirme lo mucho que me quiere. Tus postales.
Ir al aeropuerto cuando viene alguien de fuera para quedarse dentro.
Viajar, sobre todo viajar, aunque sea a la vuelta de la esquina, con mi cámara a cuestas..
Muchas gracias a todos por vuestras felicitaciones. Las adoro.
... Y Tú, DIME ¿Hoy QUE AMAS?... 3月8日 Curioso
Suele estar escondida en los lugares más extraños, En el brillo del agua que embadurna mis sentidos. En el cielo raso de un día que es cogido por las nubes de la mano. En la mirada perdida de unos iris atinados, en la cara oculta de lo evidente, en objetos corrientes, ignorados, barridos, pisoteados y enfangados. Allí se oculta la belleza. Es la belleza oculta de las fealdades.
3月1日 No es lo mismo![]() Esa manía que tiene la mente de clasificar, etiquetar para economizar espacio en la memoria, me ha llevado a creer que los seres humanos nos dividimos en dos grupos: están los que siempre encuentran cosas en la calle (por ejemplo, dinero o broches para el pelo) y aquellos que las pierden. Está claro que no existe el uno sin el otro. Y yo, Pertenezco al segundo grupo. Soy de las que se olvidan objetos por la ciudad. En alguna ocasión he olvidado la cabeza. Incluso- y lo que me parece mas grave- también he dejado el corazón a la intemperie. Pero son otras historias. Eso sí, normalmente lo que olvido son los paraguas. No debe ser casualidad. Nunca me acostumbré a usarlos. Me resultan incómodos y además siempre disfruto al mojarme con la lluvia mientras camino por la calle. No quiero que a medida que sigo creciendo -y te aseguro que a pesar de los años lo hago - pues, te decía que no quiero que con la vida me cambien ciertas cosas.
Y una de ellas es seguir así, tan entusiasmada con la idea de zambullirme de cabeza en el agua, sentir las perlas del frescor que me regala el cielo, y llegar empapada al trabajo, que no ha dejado de parecerme divertido, porque, créeme, no a todos los jefes se les escapa una sonrisa al verme llegar en ese estado. Yo diría que todo lo contrario. Pero no es momento de reflexionar tampoco acerca del por qué de mi olvido casi compulsivo del paraguas y de mi debilidad por las lluvias o te diría que casi por todo lo que cae del cielo... Es momento de hablar de objetos olvidados intencionalmente. Ya te he dicho, en ocasiones olvido intencionadamente el paraguas, la cabeza, el corazón y algún que otro libro. Y quizá lo haga porque no quiero olvidar que no es lo mismo ver llover que mojarse. No. No es lo mismo. ¡Dónde va a parar! Os dejo un nuevo álbum de gotas. Chuff, chuff, chuff...
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