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OnlysnowLa punta del Iceberg
June 29 A estas alturasJune 19 Embudo de palabras![]()
Ese vacío que se genera cada noche con palabras pensadas, por decirlo así como entre paréntesis, el mensaje íntimo, el que ocurre cuando el subterráneo del día al día desaparece una vez dejado el metro y el acelere urbano. Yo las llamo partículas de palabras encerradas en las bolsas herméticas del pensamiento. No son exactamente palabras dichas a medias, son calladas, soltadas sin voz sobre la almohada, aquella a la que doy vueltas varias veces por si alguien pudiera escucharme. De vez en cuando las palabras son horribles, tengo que decirlo. Palabras que hacen doler la cabeza. Palabras de nube y niebla, de humo y cansancio. Pero es curioso usar como borrador la almohada, ello te permite pensar en otras ideas inconclusas, por ser sueños, metidos en un embudo de palabras sin orden, que salen a flote al llegar la noche, sin tijera que corten estas ganas de querer crecer para poder disfrazarme de Ícaro y ponerme un buen traje de alas, peinarme hacia el costado- o hacia arriba porque ya estamos en otro milenio- y sonreír por un yo puedo, aunque sea en una línea blanca. June 08 Colores![]()
Pasaron por el cielo muchos soles, cruzaron tras ellos las tormentas, cayeron noches y se iniciaron días. Arrojaron sobre ellos miles de jabalinas de colores, otra vez un océano de espigas con olas de flores, salpicando la mirada al viento, hirviendo en tonalidades que desbordan. El paisaje. Que se llena de máscaras. Afuera y alrededor, por todas partes, vistas siempre en silencio. O en grito de asombro. Os dejo un álbum de fotos de campos en colores May 30 Ludoletras![]()
Los libros de nuevo salen a la calle, la gente en el paseo va de tenderete en tenderete, pasando página a unos y viajando al interior de otros; hojas y letras volando al aire libre, confundidas con los globos de colores y los pétalos de la rosaleda, uniendo el olor a tinta con la fragancia de la acacia. Seguro que entre los puestos y las montañas de libros aparecen obras que brillan con luz propia, yo no buscaré papeles en blanco ni haré cola para intercambiar unas mínimas palabras o garabatos con esas personas a las que nos hemos imaginado a través de sus letras. Lo que haré será, si puedo, asistir al homenaje al poeta Ángel González, quizá compre también “corazón helado” de Almudena Grandes y espero no perderme la exposición fotográfica “Agua” (ya conocéis lo mío con estas cosas) pero de lo que sí estoy convencida es de trastear para encontrar algo así.
VERDE MUY MUY VERDE Verde CAMPO VERDE Verde HOJA Y NEGRO TALLO DE UN ARBOL Una ceja y otra ceja Ojos Son May 23 Gotas mágicasMay 08 ¡Ay-caray!![]() Ya empezaban los calores en esta ciudad que en cualquier momento llegaría a deshacer el negro asfalto recalentado, además de por el sol, por el vaivén de los coches, el sudor de las fábricas y el tumulto de sus gentes yendo a toda prisa entre los pocos huecos que quedan entre rascacielo y rascacielo. Siendo éste el panorama, tenía que salir de aquí e ir a buscar algo fresco, algo que estuviera más allá del frigorífico o de una buena terraza a la sombra, me refiero a esos lugares blancos que tanta tranquilidad me aportan. ...Y blanco, blanco, lo que se dice blanco y además helado, encontré bien poco, sólo pequeñas manchas en lo más alto de las cumbres. Pero ¡Ay, caray! lo que encontré en el sorprendente paisaje de montaña al que me dirigí. Arroyos, bosques y cumbres que superan los 2.000 metros de altitud. Es la zona de Ezcaray y su valle, a orillas del río Oja, sin hache. En la Rioja alta, al ladito de Logroño y cerca de la Rioja Alavesa. Ambiente serrano, con casas sobre pórticos de madera, ventanales de cristal que abre sus ojuelos a las populosas calles, ir y venir por callejuelas minúsculas que no tienen pérdida, pueblos perdidos, abandonados. Una tierra que aún mira su pasado medieval en algunos de los pequeños charcos supervivientes de un día de lluvia... Un ir y venir con los ojos fijos en cada monumento, palacio, casa, un ir y venir siguiendo ese camino amarillo de piedra que lleva a la senda del peregrino. Un ir y venir entre vinos y tapas por la calle y plazoletas donde se toma el aperitivo, por la mañana, en la tarde y más tarde (otro día os hablo de vinos y bodegas, porque la rioja sin vinos… y sin tapas. No es Rio-ni es oja Y menos Rioja) Es un punto de partida ideal para visitar Santo Domingo de la Calzada, los monasterios de San Millán de la Cogolla, los de Yuso y Suso, Patrimonio de la Humanidad -En el de Yuso se escribieron las primeras palabras en castellano- El monasterio de Santa María la real de Nájera, en dicha ciudad también puedes hacer una incursión a las cuevas excavadas en la misma roca, cuevas que sirvieron de viviendas durante siglos, cuando la ciudad era un enclave musulmán. El monasterio de cañas, impresionante con sus vidrieras de alabastro blanco como el más frio campo helado. Además de ver la arquitectura cisterciense, que algo conocía por la zona catalana, quedé estupefacta de mi pequeñez ante las huellas de los dinosaurios. La fuerza de los caudales de los ríos que por allí discurren, el verdor de los campos, y ese cielo tan azul que pareciese un mar de verde-aqua-marina, de lo que también estoy segura es que me fallan las fuerzas para adentrarme en los caminos amarillentos, pulidos por las pisadas, ya incalculables, de los peregrinos llegados de lugares remotos. Os dejo algunas fotos en el álbum. April 28 La primera vez
La primera vez que había sentido la lluvia mojarme el rostro, puedes imaginar que era pequeña. Ese día mi madre, mujer piadosa y de memorias infinitas, decidió olvidarse como más tarde argumentaría ante mi fiebre, que ese día llovería copiosamente. Ese día Íbamos cruzando el puente que separa las dos orillas, la mía y la suya, corriendo. Yo patinaba en mis zapatitos de charol. Ella iba insultando como pocas veces lo hacía. ¡Maldita lluvia que calará tus huesos y hará que suba tu fiebre! Yo no entendía cómo algo que refrescaba podría incrementar el calor de mi cuerpo… Hoy ya sí, El hielo es abrasador… Bien. Ese día nos pasaban muy de cerca los coches al abandonar el puente, y casi dirigiéndose hacia nosotras, nos descargaban un montón de gotas esparcidas por el asfalto, y mi madre, propiciaba tal cantidad de insultos que hasta el día de hoy, no considero aptos para oídos tan pequeños como en ese entonces eran los míos. Me bastaba con ver los gestos de mi madre y su frustración como para sentirme mal junto a ella. Finalmente llegamos con suerte y prisa a nuestra casa. Ambas teníamos la ropa mojadísima y el cabello goteando gruesas gotas. Mi padre, hombre gracioso, soltó una de sus famosas risotadas mientras escuchaba las quejas de mi madre correspondiente a su mala fortuna y lo maleducada que era la gente, aún con una mujer que llevaba una niña pequeña. Yo mientras me regodeaba en el calor de mi casa, mirando mis dedos rojos y mi nariz del mismo color. Así descubrí el frío. La lluvía. Y me sentí dichosa con él/ella.
Recuerdo con claridad la suavidad de las toallas con las que mi madre me envolvía para secarme, al tiempo que seguía diciéndome que la gente estaba loca y que yo no debía ser así bajo ninguna circunstancia. Quizás le sonreí en mi inocencia. O quizás la abracé con fuerza. Puede que las dos cosas.
El asunto fue descubrir la lluvia, esas gotitas que caían de arriba, muy arriba, casi como si alguien rompiera a llorar cada vez que el sol se ocultaba, o cuando se asomaba solo un poquito, esas gotas que eran como las lágrimas de las estrellas en la noche o como el salpicar de una nube juguetona que rompe a llorar de risa... Algún tiempo después mi madre me preguntó que por qué no me encerraba a ver la lluvia desde mi habitación en vez de ir a mojarme en ella, le contesté que, contrariamente a la mayoría de la gente, la lluvia, las gotas de agua, como ya sabéis quien me sigue desde un tiempo, me caen bien. Además de caer. Y quiero sentirlas, no sólo contemplarlas.
April 22 Mariquita
Era tarde aburrida y decidí perderme entre olivos, alrededor de grandes matas de amapolas rojas desperdigadas entre verdes mares de cereal y cruentas plantas llenas de espinas. Barranco abajo, barranco arriba, cruzando el pueblo por caminos nuevos.
Despacio. Arriba y abajo. Sin detenerme, aunque no había tiempo que echara en falta, sólo me quedaban las ganas por encontrar algo. Y todo cambió cuando mi cámara giró hacia un llamativo color rojo y comenzó a escribir en el carrete mil imágenes, a inventar mil disparos sin el apoyo del viento, y con las nubes que cubrían las cumbres más altas y blancas. Y empiezo a imaginar para quién iría la imagen captada, y es que en la almohada de los cien deseos hay también mariquitas. Es como la que he captado. Arropada con una manta amarilla. Igual que si estuviera acostada en su sofá preferido mientras lee una entrada como esta. Traen suerte y nos parecen simplemente simpáticas y por eso no las pisamos, como al resto de los “bichos” que nos encontramos en la vida. A las mariquitas las dejamos corretear entre nuestros dedos y por nuestros pensamientos, libres, con ganas de tenerlas haciéndonos cosquillas, pero sin aprisionarlas, y cuando parten volando sentimos satisfacción a la par que tristeza por verlas marchar, y decimos: “Vuela libre, mariquita” mientras pensamos un deseo y soplamos al aire. Nadie vuela tan orgullosa como la mariquita al abrir su caparazón lleno de lunares negros, me recuerda el vuelo de un vestido de faralaes… La buena de la mariquita no sabe la suerte que tiene de caerme bien. ____________________________________ Liver, esta es la foto que te prometí. Con todo mi cariño. Espero te guste, un día así me lo comentaste. Pero tengo un reto, verla encaramada sobre una amapola o un clavel. Y entonces, de foto pasa a cuadro. Y de mi cámara a tu casa. Jajaja. April 16 Rosa de los vientos![]()
Los castillos pirenaicos moldeados con nieve se hundieron, las banderas blancas se han ajado, allá, a lo lejos, en el límite escarpado.
La rosa de los vientos ha enloquecido, y ya no dirijo mi mirada hacia el norte.
Tal vez mi norte esté justo en la dirección contraria… Pero no, tampoco es eso, el pasado ha pasado. Tal vez mi norte esté dónde la rosa de los vientos quiera llevarme, yo le sugiero, si es que algo puedo hacer, que se dirija a palacios de pensamientos con olor a azafrán y sonidos de agua, allí donde las pequeñas almas recuperan la sonrisa, la esperanza. Allí donde los círculos del tiempo se convierten en uno sólo, sin prisas, ni reloj o segundero, allí donde el tiempo se dispersa con un soplo de viento...
Tal vez mi norte esté justo en cualquier dirección menos en la que está.
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